Pedro Duque escribe desde el espacio: Perdido en el espacio

Lost
26 octubre 2003

En una casa, o una oficina, en la que el suelo esté limpio y recogido se ve enseguida si a alguien se le ha caído la funda de las gafas, pongamos por caso. Salta a la vista, está fuera de lugar en el suelo y todo el mundo que pase se dará cuenta. En la estación espacial concurren una serie de factores para que lo que se pierde sea muy difícil de encontrar.

Primero, por supuesto, la ingravidez. El otro día llevaba un boli enganchado al pantalón, pasé rozando algo y lo perdí. Como lo noté enseguida, me volví rápidamente para recogerlo. Nada. Mi bolígrafo no estaba por ninguna parte, había volado no sé en qué dirección y podía estar tanto en el suelo como en el techo como en cualquier parte.

Me resigné a perderlo, pero al volverme para seguir mis tareas diarias lo vi delante de mí, volando en la dirección en la que yo iba. Al separarse, había rebotado en algo y había proseguido viaje sin esperarme.

Después, lo complicado de las paredes. La estación está hecha de módulos en los cuales la zona de trabajo es más o menos rectangular, pero hay adaptadores múltiples con escotillas tanto para delante y detrás como arriba o abajo, o incluso izquierda y derecha. Eso hace que haya muchos rincones donde las cosas se puedan esconder.

Además, no hay suelo ni techo y en muchos sitios las cuatro paredes del "tubo" que es un módulo son iguales así que cuesta encontrar nada.

Por ejemplo, yo trabajo bastante en un módulo que no está en el "tubo" principal sino que se engancha lateralmente. Hay que hacer un recodo de noventa grados para entrar en ese módulo desde los otros. Hasta ahí bien, cuando entras te puedes acostumbrar a llamar "suelo" a lo que tienes debajo, "techo" a lo de arriba.

Pero si vienes de la otra dirección en tu viaje a lo largo del tubo, y haces el recodo, te encuentras que el techo es suelo y al revés. Al final, si he dejado el ordenador encendido unido a una pared del módulo, al volver siempre tengo que dar una vuelta entera para encontrarlo.

Y, por último, la cantidad de cosas que hay a la vista. Así dicho parece que está todo muy mal recogido, muy todo por en medio, pero es una cuestión de necesidad. Las cámaras de fotos no pueden estar guardadas porque hacemos muchas fotos, tanto de los trabajos que hacemos o experimentos como de la Tierra, así que todas están pegadas con velcro, junto con una variedad de objetivos y flashes, etc. A veces hay que dar tres vueltas a la cabeza para encontrar la cámara que buscas.

Otra cosa muy a la vista es repuestos, cajas de comida, bolsas con ropa, etc. Esto no porque lo usemos todos los días, sino porque no hay sitio en los armarios. La estación no ha terminado de construirse, y por eso no hay sitio suficiente para guardar las cosas hasta que no estén acoplados todos sus módulos previstos.

Una de las cosas que uso con más frecuencia es una libreta donde voy anotando los resultados de los experimentos. La llevo a todas partes, anoto las horas exactas a las que he cambiado las muestras de un sitio a otro, los resultados de los ensayos, notas variadas que puedan surgir, etc. Esta libreta ha de volver con todos estos datos para que los científicos puedan reconstruir exactamente cómo ha pasado todo. Me ha traído la libretita por la calle de la amargura los primeros días.

Claro, yo le puse un buen pedazo de velcro para que no saliera volando. Pero al terminar el día, si no estaba donde la buscaba a la primera, me costaba muchísimo encontrarla. Ahora ya me he acostumbrado a dejarla en uno de tres sitios diferentes, pero al principio era un agobio porque no sabía si la había dejado en otro sitio o si se había desprendido del velcro y estaba flotando por ahí, en cualquier rincón.

Una vez, doblando el recodo famoso, llevaba mi libreta junto a otros libros y otras cosas en las manos y al llegar al sitio de trabajo no lo tenía. Sabía que tenía que ser el pequeño golpecito que había pegado al pasar la esquina, y volví inmediatamente. Ni rastro. Después de unos frenéticos minutos, que luego pagué caro al final del día en retrasos, la encontré en un rinconcito muy escondido del adaptador de las cuatro escotillas. Menos mal.

Se me ha olvidado mencionar un factor importante para perder cosas: las corrientes de aire. Como todo flota, y como el aire se renueva y limpia por medio de ventiladores y filtros, cualquier cosa que salga volando tiende a seguir la dirección de la corriente de aire. En realidad, las corrientes ayudan más que molestan, contrariamente a lo que pudiera pensarse. Si se te ha perdido algo pequeño, no hay más que esperar unas horas y sabes a dónde va a ir a parar: al filtro donde entra el aire en el sistema de circulación. Ya tenemos costumbre de mirar de vez en cuando ahí: se encuentra de todo.

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