‘Conocí a Yuri Gagarin en el espacio’

Jean-François Clervoy

Jean-François Clervoy
Astronauta de la ESA,
STS-66, STS-84, STS-103

Yuri Gagarin permanecerá como el primer explorador humano del espacio que todos los astronautas y cosmonautas reconocen de una forma u otra. Abrió la puerta a los viajes espaciales para la humanidad. Por supuesto, él no fue el primer ser vivo que se aventuró en el espacio, pero fue el primero en describir y recordar, con la inteligencia que caracteriza a la humanidad, las emociones y sensaciones experimentadas en el muy especial entorno del espacio.

No se debe subestimar la importancia de sus primeras palabras desde el espacio: “Me siento bien”. Los controladores de la misión en tierra esperaban con ansia esas primeras palabras. ¿Sería capaz el primer representante de la humanidad de sobrevivir al vuelo y al espacio circundante de una manera que fuera aceptable para el resto de nosotros en la Tierra? ¿O sufriría tanto que se quebrantaría para siempre nuestra voluntad de hacer viajes fantásticos al Cosmos?

En la misión STS-84 del transbordador espacial Atlantis, en mayo de 1997, me quedé casi cinco días en la estación espacial rusa Mir. Al entrar en el módulo principal de la Mir, no se puede pasar por alto la foto de Gagarin. Él presidía las habitaciones donde la tripulación se reunía varias veces al día para comer, descansar o, de cuando en cuando, reparar diversos instrumentos en la mesa central del comedor que, en ocasiones, se convertía en banco de trabajo de bricolaje.

Gagarin dominaba también el acceso a las dos literas a cada lado del comedor. Estaba acompañado por una foto de Tsiolkovski, el visionario padre de la astronáutica en Rusia. La mirada serena pero concentrada de Yuri caracterizaba la actitud profesional de los primeros exploradores del espacio. Su rostro sereno indicaba su misión de paz. Se había convertido en un icono universal de la historia de la conquista del espacio.

Yo no podía permanecer indiferente a ese retrato en blanco y negro que ya había viajado en anteriores estaciones espaciales rusas, cuyos bordes amarillentos evocaban la sucesión de acontecimientos e incidentes experimentados por generaciones de exploradores del espacio. Tenía que recordar ese rostro legendario con el que tuve el honor de relacionarme durante unas cien órbitas a la Tierra, con la admiración y el respeto que sentí hacia el primer pionero del Cosmos.

El astronauta Mike Foale inmortalizó para mí esas ocasiones con su cámara Nikon F4 el día antes de nuestra salida de la estación rusa. La foto une a mi familia con nuestro héroe de la humanidad.

Espero que ese famoso retrato de Yuri Gagarin sea testigo de muchos más desplazamientos de astronautas y cosmonautas a bordo de las naves espaciales del futuro, incluida, ojalá, la que llevará seres humanos a Marte.

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