Un gusano que se siente como en casa en el espacio

Caenorhabditis elegans
Nematodo
13 julio 2012

Los astronautas regresan a la Tierra muy débiles, tras haber estado sometidos a las condiciones de microgravedad y a la radiación del espacio. Un nuevo estudio muestra que un humilde nematodo se adapta mucho mejor que nosotros a los viajes espaciales.

Cuando el astronauta de la ESA André Kuipers viajó por primera vez a la Estación Espacial Internacional en el año 2004, llevó al espacio varios ejemplares del microscópico nematodo Caenorhabditis elegans.

André con el experimento de 2004

Un equipo internacional de científicos de los Estados Unidos, Japón, Francia y Canadá estaba interesado en estudiar cómo reaccionaba el C. elegans a la vida en el espacio.

Se eligió a esta especie en particular porque era la primera forma de vida pluricelular de la que se había logrado secuenciar toda su estructura genética.

Al regresar a la Tierra, los científicos descubrieron que estos gusanos tenían menos proteínas tóxicas en sus músculos que si se hubiesen quedado en la Tierra. Los resultados de esta investigación han sido publicados recientemente en la revista Nature Scientific Reports.

Todo está en los genes

Los científicos estaban intrigados y, tras realizar más pruebas, descubrieron que siete de los genes del C. elegans habían permanecido prácticamente inactivos durante su estancia en órbita. El hecho de vivir en la Estación Espacial evitaba que ciertos genes funcionasen con normalidad.

Caenorhabditis elegans
C. elegans

Sorprendentemente, los gusanos parecían vivir mejor sin esos genes.

¿Qué pasaría entonces si se desactivasen esos mismos genes en el laboratorio? Los investigadores descubrieron que los gusanos que nacían sin esos siete genes estaban más sanos y vivían más tiempo.

Nathaniel Szewczyk, uno de los científicos del proyecto, explica que: “Los músculos se suelen encoger en el espacio. Los resultados de este estudio sugieren que se trata de un proceso de adaptación, en lugar de una simple respuesta involuntaria ante las condiciones del espacio”.

Aterrizaje de la cápsula Soyuz

“Al contrario de lo que pensábamos, parece que los músculos envejecen mejor en el espacio que en la Tierra. También podría ser que la estancia en el espacio ralentizase su proceso de envejecimiento”.

Los humanos compartimos aproximadamente el 55% de nuestra secuencia genética con el C. elegans, por lo que el próximo paso sería estudiar cómo responden nuestros músculos a la vida en el espacio.

André regresó de su segunda misión a la Estación Espacial Internacional el pasado día 1 de julio, aterrizando en las estepas de Kazajstán. En esta misión llevó al espacio nuevos ejemplares de C. elegans para continuar con la investigación, pero esta vez también se estudió cómo se adaptaban sus propios músculos.

Antes de que comenzase la misión de André, se tomó una pequeña muestra de un músculo de la pierna del astronauta, que se guardó para su posterior análisis. Tras haber pasado seis meses en el espacio, los científicos están impacientes por estudiar cómo han reaccionado sus músculos durante su estancia en órbita.

Al contrario que los gusanos, André podrá descansar unas pocas semanas después de su agotador viaje al espacio antes de que los científicos pongan sus músculos bajo el microscopio.

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