Satélites monitorizan la erupción del volcán islandés

Predicción del desplazamiento de la nube de cenizas
24 mayo 2011

El volcán islandés Grímsvötn amenaza con volver a sembrar el caos en el espacio aéreo europeo. Los satélites están monitorizando su evolución para ayudar a los Centros de Vigilancia a evaluar el impacto en las operaciones de la aviación civil.

El volcán Grímsvötn, ubicado al sudeste de Islandia, entró en erupción el pasado día 21 de mayo, tras permanecer inactivo desde el año 2004. Las autoridades islandesas cerraron inmediatamente el espacio aéreo en la región.

Todavía está fresco el recuerdo del caos causado por la erupción del volcán Eyjafjallajoekull hace justamente un año. En mayo de 2010, el tráfico aéreo sufrió graves trastornos en toda Europa, cancelándose cientos de vuelos como medida de precaución ante el avance de la nube de cenizas volcánicas.

Aunque la erupción del Grímsvötn es de mayor magnitud que la del año pasado, la nube de cenizas está alcanzando una mayor altura en la atmósfera, por lo que se espera que afecte en menor medida al tráfico aéreo.

Grímsvötn volcanic eruption
Erupción del volcán Grímsvötn

Las medidas realizadas con radares desde Islandia indican que la nube está alcanzando una altitud de entre 12 y 17 km, y se está desplazando hacia el norte de la península Escandinava.

Fred Prata, del Instituto Noruego de Investigación del Aire, es un experto en la teledetección de nubes de cenizas y el responsable del proyecto de la ESA ‘Apoyo a la Aviación para la Evasión de Cenizas Volcánicas’. Prata explica que “la erupción del Grímsvötn es muy rica en cenizas, pero son bastante más húmedas que las del Eyjafjallajoekull, por lo que vuelven a caer en las proximidades de Islandia”

“El volcán también está emitiendo una gran cantidad de dióxido de azufre, que se desplaza en dirección norte y noreste. Al ser de mayor magnitud que la del año pasado, es menos probable que alcance el continente europeo”

“Claro está que la situación podría cambiar rápidamente, por lo que es crucial monitorizar la evolución de la erupción minuto a minuto”

Ash plume
Nube de cenizas

Tras la erupción del Eyjafjallajoekull se acordaron nuevas normas de seguridad aérea. Ahora, por ejemplo, se debe cerrar el espacio aéreo cuando la densidad de cenizas supere los 4 mg por metro cúbico.

El Centro de Vigilancia de Cenizas Volcánicas (VAAC) de Londres, responsable de la región en la que se enmarca Islandia, recopila toda la información disponible y prepara informes para las compañías aéreas.

Los satélites constituyen una plataforma excelente para monitorizar el desplazamiento, la extensión y la concentración de las nubes de cenizas volcánicas. Por este motivo, la ESA ha creado un servicio específico para enviar alertas a los VAACs cuando alguno de sus satélites detectan una erupción volcánica, dentro del proyecto de ‘Apoyo a los Servicios de Control Aéreo’.

El instrumento IASI a bordo del satélite meteorológico MetOp, en órbita polar, ha sido uno de los primeros en alertar de la erupción del volcán Grímsvötn la semana pasada.

Los satélites en órbita geoestacionaria también pueden monitorizar la evolución de la nube de cenizas, tomando nuevas imágenes cada 15 minutos. Los satélites Meteosat europeos, con sus instrumentos SEVIRI, y los estadounidenses GOES están ayudando a evaluar la situación.

Los modelos de dispersión permiten predecir la extensión y la dirección de propagación de la nube de cenizas volcánicas a partir de los datos recogidos por los satélites sobre el lugar de la erupción.

Sulphur dioxide emissions from Grímsvötn
Emisiones de dióxido de azufre desde el volcán Grímsvötn

La animación de la derecha muestra cómo la nube de dióxido de azufre viaja hacia el noreste, sobre el Océano Ártico, mientras que la nube de cenizas se desplaza hacia el sudeste, aunque de momento no supone una amenaza para la aviación sobre el continente europeo.

La combinación de los datos recogidos in situ, desde aviones y con la ayuda de los satélites, y los modelos matemáticos que están siendo desarrollados dentro de la iniciativa GMES de la ESA ayudarán a garantizar la seguridad de las operaciones aéreas sobre Europa durante las erupciones volcánicas.

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